No me juzgues por ser fría, deberías saber que soy valiente.

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Un día amé tanto que a dicha persona no le supo tanto amor en las manos y decidió que tirar mi corazón era lo mejor, no le importo hacerlo trizas, y yo no tuve más opción, junté cada pedazo y lo armé nuevamente, desde entonces me prohibí que alguien volviera a entrar a mi mente, por eso que me juzga la gente y me señalan como “fría”, sin saber que un día amé y aún continuo rota pero de pie, deberían llamarme “valiente”.

Es curioso como las personas son capaces de juzgar tan fácilmente pero son incapaces de hurgar un poquito en la vida que han decidió criticar y conocer realmente que hay detrás. Y es que las personas más señaladas son aquellas a las que les cuesta trabajo demostrar sus sentimientos. Aquellas que no fácilmente sonríen o que no muestran alguna emoción. Aquellas a las que les es muy difícil abrir o dejar entrar a alguien a su corazón. Las que no con cualquier cosa o persona suelen perder la razón.

No le importó estar en mi corazón, simplemente decidió enamorarlo y de la nada dejarlo. Se marchó pintando aquel mundo de colores que él nos creó en gris. Nos dejó sin ganas de sonreír, sin la ilusión o la esperanza de volver a ser feliz, creo firmemente que el tiempo todo lo cura, pero en ocasiones quedan cicatrices que duelen y con un poco que las tienten sangran nuevamente. Gracias al transcurso del calendario he  podido ponerme nuevamente de pie. ¡No fu fácil! Pero lo  logré, armé aquel corazón que un día entregué y sé que poco a poco lo reconstruiré y es que aún quedan pequeños pozos que yo misma llenaré.

Y es que no soy de las que esperan que hagan algo por ella, porque aprendí que nadie hará por mi lo que yo misma haga, y sé que a veces suele parecer que nada me importa, pero eso no es así. Me volví fría por fuera, pero mi corazón continúa siendo cálido. Continuo teniendo un alma bondadosa y noble, continuo con un puñado sueños e ilusiones, pero escondidas en mi interior.

Ahora nada es como antes, ahora no tan sencilla y fácilmente he de entregar mi amor. Y es que si algo aprendí es que no  todos merecen ser amados, solo aquellos que demuestran saber amar en la misma proporción de lo que se le da. La gente me señala como insensible, pero ellos no se han colado a mi habitación y han visto como en mi almohada caen un montón de lágrimas, como se me desgarra aún el corazón cuando pienso en aquella caricia o aquel beso mal correspondido, aquellas noches acompañada pero sintiendo tanto frío, aquellas frases tan vacías que me decían y que de tonta creía.

¡Nadie vio verme caer del cielo en el que estuve cuando amé, es fácil juzgar pero nadie vio cuanto me costó ponerme de pie! Pero lo importante soy yo, y sé que lo principal es cuidar de mi corazón, ya no lo entregaré tan fácilmente, ya no he de enamorarme de las palabras sino de los actos mismos, ya no he de ser yo la que conquista, la que enamora y la que se entrega, el día que decida volver a amar será porque me ofrecen todo a manos llenas, y es que ¡Yo valgo! Hoy lo sé, hoy lo tengo muy claro.